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Different poses
waning poses
ladeantes, declinantes
renunciando a afirmarse
sobre la sombra rectilínea y ondulante
de unas gradas.
Esculturas derritiéndose sentadas
en el aburrimiento de un instante
con el cuerpo todo
revelantes
de un incierto todo errante
desesperante a plenitud.

Ir bajando por las escalinatas del recién llamado Café del Tótem es de por sí una experiencia incómoda. Recordar que está cerca la derruida iglesia San José me provoca un desasosiego que todavía no sé describir -y tenía que toparme con Ludella mientras pisaba el penúltimo escalón de cemento del siglo XX de la mal avenida plazoleta; la que frontea el tótem telúrico, que más allá va a dar al Morro o, más concretamente, a la boca de La Perla que curvea hasta el cementerio.
Ludella va sin umbrella
y yo que la veo de soslayo
mientras llueve irrefutablemente.
Yo lo que hice fue
que después de manotear un saludo
sin compromiso alguno
sigo hablando con mi pana
que lleva su sombrilla abierta
y yo también la mía pero cerrada,
porque no la abrí después que atravesé
por el pasillo techado que justo detrás dejaba.
Pero no hice más que darme cuenta
de que la chica se estaba mojando
que hice girar mi paraguas hacia arriba,
lo abrí rotundamente
y seguí caminándole al frente,
sin volver la mirada atrás.
Mañana nos sonreiremos cortésmente y nos haremos los desentendidos, mientras intercambiamos el papeleo de la mañana en la oficina del Viejo San Juan.

Hoy me visitó el espíritu de Pietri.
Pasó cruzando el año. Fue que Malen
me enseñó una mano de embuste
pero me pidió que no se la endedara.
La mano era de embuste pero engañaba.
La consiguió en “Bodies”, la exhibición en boga.
Parecían huesos de antebrazo con mano diminuta y flaca.
Como la del poeta pero masificada.
Como la del poeta pero abaratada; planificada.
Porque me recordó, antes que nada, y dije nada…
al Pedro de la piel desentonada,
el de las manchas desperdigadas en su piel
por la sustancia anaranjada
fumigada en Vietnam.

¿Dónde está la miss? Llámame a la miss que esto no se va a quedar así hoy...
Digamen porque brinco la pendejá esta y le caigo allá a mandarla pa'l carajo a la cabrona esa. No me hagan hacel como con la secretaria 'e la familia
que llamé a su asistente, que yo la conozco,
y en 15 minutos me pusieron con ella pa entrevista.
¡Porque esto es un abuso lo que tienen con uno coño!
Y los burócratas, refugiados behind glasses de acrílico manoseado,
acostumbrados,
desautorizados a mandarla -ellos también- a la puñeta.
La tipa salió por la puerta dispuesta a ir a doblar la calle Arzuaga.